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La debacle financiera que tanto afecta el bolsillo de los ciudadanos está provocando casos de desesperación. Son muchos los casos de parados que ante la crisis que aqueja a la economía de sus familias deciden jugarse la carta de la marihuana, una carta que tiene el riesgo de acabar entre rejas.

La guardia civil no da abasto a incautar plantas de marihuana de patios y casas, cada poco tiempo aparece en prensa una nueva incautación. Cocheras, naves o granjas abandonadas son algunos de los lugares donde se cultiva una planta muy rentable, que necesita mucha luz, altas temperaturas y humedad. En algunos casos no son más que unas plantas para el consumo propio y de los amigos, en otros, para sacarse unas “perras” extras, y en otros, cada vez más usuales, plantaciones que pueden ser un buen mordisco económico para salir de la crisis. En estos casos, el “agricultor mariguanero” se la juega, dos años de cárcel, como mínimo, y multas que pueden llegar a más de 50.000 euros.

Para aquellos que deciden dar el salto a la plantación extensiva es relativamente fácil encontrar el modo de aprender el oficio, basta con echar un vistazo a internet, o acercarse a una tienda especializada, como la que acaban de instalar en Íllora; semillas, abonos, fungicidas y todo lo necesario para una buena cosecha al alcance de la mano, tan fácil como comprar semillas de calabacín.

M.N, un hortelano  de la marihuana,  de un pueblo del Poniente, que nos cuenta cómo, de qué manera se cultiva, prepara y se vende, pero que no quiere aparecer en la foto, afirma que “en este mundo de la marihuana pasa como en cualquier otro tipo de comercio, la ley de la oferta y la demanda es la que marca el ritmo. Y no aparece un negocio de venta y asesoramiento por arte de “birlibirloque”, apunta con dotes de analista empresarial, afirmando con contundencia que “si alguien vende es porque alguien compra, igual que si alguien planta es porque alguien fuma y le gusta fumar el humo blanco y aromático de la maría”, como se conoce el cannabis en el mundo de los “fumetas”.

02En cuanto a que te pillen y te metan “en el trullo”, un mal menor y poco probable, afirma, Según sus cálculos, la Guardia Civil no pilla ni el cinco por ciento de lo que se cultiva, y cuando lo hace es por chivatazos que surgen de peleas por impagos o avaricia”. M.N afirma que el cultivo de marihuana se ha multiplicado desde que llegó la crisis, pero que siempre ha existido. Hay diferentes modos de cultivo; por cuenta propia o por encargo, casi siempre se la juegan los que están enganchados o los que están al límite del desarraigo social, pero últimamente cada vez hay más “gente normal” que decide cultivar. Estos son los que más desapercibidos pasan para la Guardia Civil y los que más éxito tienen.

M.N no es un personaje asocial, mantiene un buena relación de vecindad con la gente de su pueblo, algunos intuyen sus actividades agrícolas ilegales, pero una mayoría ni se lo imaginan, se gana dinero fácil y rápido y no tiene ningún cargo de conciencia; según explica, a pesar de los riesgos asociados con el uso frecuente de marihuana, no se siente mal por formar parte de la larga cadena de comercio ilegal. »No estoy obligando a nadie a consumir estas drogas. En última instancia, esto es algo que le pertenece a cada uno. Todo el mundo tiene acceso a internet, todo el mundo es consciente de los efectos de estas cosas ya sea de primera mano o por haberlo leído. Es decisión de cada uno y creo que, en pequeñas cantidades, no es nada malo para la mayoría de la gente», dice con convicción.

El cultivo de marihuana sigue siendo dominado por las bandas de narcotraficantes, pero según la Guardia Civil, últimamente es más frecuente que personas de clase media que nada tienen que ver con el tráfico de drogas se arriesguen a cultivarla, arriesgando también su futuro, ya que si son descubiertos las penas de cárcel son considerables.

M.N comenzó a cultivar cannabis después de que un antiguo colega del trabajo, era empleado de la construcción y está parado desde el 2008, le enseñara a hacerlo. Se ha especializado y saca una cosecha de calidad en su propia casa, se ha convertido en un agricultor doméstico de marihuana de lujo. Los beneficios generados por el cultivo le sirven para sacar adelante a su familia y para su autoconsumo. Según él no se gana tanto, y si encontrara un trabajo dejaría el cultivo. Bueno, dice dudando, creo que lo dejaría, creo.

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