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Antonio Gordo, redactor de opinión del Periódico Poniente

Tenemos los habitantes de España, los de las diversas y plurales españas un acusado punto ácrata o ultra liberal, no sabría determinarlo con exactitud, que nos hace ser totalmente críticos con los gobiernos y con las oposiciones a los gobiernos, con los partidos y con los políticos. Bien es cierto que cabe decir que tenemos razones para una cierta desconfianza hacia tales instituciones. Pero choca que seamos totalmente críticos con políticos, que a fin de cuentas son cargos que nosotros mismos hemos elegido, pero nos mostremos a la vez muy templados en la crítica a instituciones como la monarquía o la nobleza, de tal modo que las ayudas a los jornaleros andaluces por cuenta de lo que seguimos llamando PER, parecen escandalosas en otra partes de España y el hecho de que 80 familias andaluzas, trece de ellas pertenecientes a la nobleza se repartan casi 100 millones de euros de ayudas de la Política Agraria Común parece ser sólo una anécdota, una anécdota de más de un millón de euros por familia, por muchos que sean, dicho sea de paso. ¿Por qué se habla de unos hasta el aburrimiento y de otros se calla casi todo el mundo? Pues no lo sé, pero lo intuyo, pero eso es otra historia.

No nos gustan los políticos, pero alguien tiene que hacerse cargo del cotarro y para que lo hagan gente que no ha sido elegida, prefiero que lo hagan quienes al menos han sido votados por el pueblo. Y, a lo que iba, que las últimas elecciones dejaron el parlamento que dejaron y la historia es conocida de todos. La renuncia de Rajoy a presentarse sin contar con la garantía de que saldrá y el paso adelante de Sánchez que ha dado como fruto el pacto, firmado cuando escribo estas lineas, casi, junto a Rivera, pacto que tanto Rajoy por la derecha como Iglesias por la izquierda ya han dicho que no sirve para nada. Y ahí es donde me quiero detener.

Para gobernar evidentemente no sirve ahora mismo, si tanto el PP como Podemos votan en común, está claro que ester pacto de poco sirve. Sin embargo creo que sirve para demostrar justo lo que el electorado ha querido decir con su voto: que a partir de ahora las cosas se tienen que hacer de otro modo, que es el de sentarse a dialogar, negociar, pactar, hablar y poner a un lado las cosas que nos separan y a otro las que nos unen y ver si es posible que cediendo por una y otra parte se llegue a algún acuerdo. De momento tanto Pedro Sánchez como Albert Rivera han demostrado que con voluntad se puede hacer. Naturalmente este pacto no es el mejor para España, y ya Rajoy ha dicho que “Tenemos algo mejor”, pero el pacto con todos sus puntos se puede consultar en la prensa diaria y juzgar sobre su bondad y su maldad, mientras que Rajoy, que yo sepa, no ha aclarado que es eso “mejor” que tiene y que no ha sabido, querido o podido aplicar en la última legislatura en la que disfrutó de una amplia, muy amplia mayoría con la que gobernó; una legislatura tras la cual él mismo reconoce que el problema de España es el paro.

Y quien reconoce tal cosa, aún pretende ser elegido presidente para proseguir otros cuatro años con las políticas liberticidas y recortadoras de derechos y bienestar. para seguir mirando a otro lado, cuando hasta en su mismo partido le han dicho alto y claro “estamos hasta los cojones de la corrupción”. Antes que seguir como ahora cualquier otra solución me parece aceptable, cualquier pacto serio, responsable y socialdemócrata lo encuentro razonable. Posiblemente no sirva para gobernar ahora, pero creo que ha puesto los cimientos de una época futura en la cual la palabra, el diálogo, la negociación, lo que compone el sustento de una sociedad libre y plural en definitiva, sean el modo de gobernarnos de forma que se pueda gobernar para la mayoría de las gentes que habitan este país anarquista y reaccionario a la vez en el que desconfiamos de quienes nos gobiernan, de los partidos, de los sindicatos,
de las empresas, de todo Dios. Y no nos falta razón, pero de vez en cuando hay que dar un margen de confianza y yo creo que este es el momento de escribir esto que antecede, igual de inútil que el pacto del que habla.

Pero si los dos líderes de los partidos enfrentados hasta ayer no tienen inconveniente en trabajar para intentar un acuerdo con el que es posible estar conforme para una amplia mayoría de los españoles, bastante más amplia que el de escaños que entre ambos partidos tienen, yo tampoco tengo ningún inconveniente en decir públicamente que, al menos hay que intentarlo.

Tal vez llegado, si llega el momento, habrá que volver a trabajar para mejorarlo, pero al menos ya se ha dado un paso en una dirección totalmente opuesta a la que hasta ahora no han conducido, y esto, ya es mucho.

Antonio Gordo

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